Gracias y a dar de nuevo

Por Alan Sallesses

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AlanGracias. Eso es lo que transmitían esos aplausos que bajaban de los cuatro costados al finalizar el partido con la eliminación ya consumada. Gracias a Gallardo por todo lo logrado y gracias a ciertos jugadores por haber sido parte de la historia grande de este club.

Lo que ganó Gallardo y lo que lograron los jugadores ya está. Las cuatro copas conseguidas van a quedar en las vitrinas para siempre. Sus apellidos van a quedar en la historia rica de River. Pero justamente este club es grande por haber trascendido en la historia y no por quedarse enamorado de un año de logros y alegrías. Ahora, ya aclarado el enorme cariño que el hincha riverplatense le tiene a Gallardo y compañía, vayamos a la cruda realidad.

Ayer River quedó eliminado en octavos de final frente a un equipo sumamente inferior. Lógicamente que los palos, la mala puntería, la tremenda noche del arquero ecuatoriano, los dos penales no cobrados -el golpe a Alario en la ida y el patadón a Mayada ayer- y el gol mal anulado al 13 de River en Quito influyen en esta eliminación. Pero el tema es más profundo.

Las comparaciones son odiosas. Pero lo primero que se me viene a la mente es acordarme de Sánchez, Kranevitter y Rojas y, automáticamente, nombrar a Mayada, Domingo y Bertolo. No hace falta aclarar más nada, ¿no? La falta de jerarquía de los que llegaron hicieron extrañar el doble a los que se fueron. Aquí entra en observación la dirigencia. Que no hayan reemplazado como se debía a los jugadores que se fueron fue un gran error. Por ejemplo, que Fernando Belluschi no esté hoy en River es inexplicable. Tan inexplicable como haber jugado la mitad de la serie frente a Independiente del Valle sin Lucas Alario en cancha. Acá entra en juego Gallardo. Aclaración necesaria: a Gallardo se lo ama en River, se lo puede criticar por tomar decisiones erradas, pero así y todo no me caben dudas de que estando él en el banco millonario todo va a ser mejor. Ahora sí, volvamos. El DT se equivocó en este semestre como quizás no se había equivocado en un año y medio. El fallido y repetitivo sistema 4-2-3-1, la mala elección de jugadores y el no acertar en los cambios le jugaron en contra. Viendo ayer a Leonardo Ponzio como único mediocampista central, me hace preguntar porque jugó Nicolás Domingo en Ecuador y porque se enamoró tanto de un jugador que tiene como función principal marcar, pero vive corriendo para todos lados y, casisiempre, mirándole la espalda a sus rivales. Saber que en la ida de esta serie los delanteros fueron Driussi y Alonso me hace pensar si se subestimó al rival o, por el contrario, se lo respetó demasiado sabiendo que había altura. Y volvemos al tema Alario: que el mejor delantero de River no haya jugado más de la mitad de la serie es inentendible. Al menos, desde lo futbolístico, no existe una razón lógica que lo avale.

Y ahora sí, tampoco no podemos hablar de los jugadores. El bajo nivel de muchos de ellos también influyó. Todos esperábamos más de Bertolo, del Pity Martínez, de Driussi y de Viudez, por citar algunos nombres. La falta de generación de juego quedó en evidencia y solo fue maquillada gracias al fútbol de Andres D´Alessandro. El enganche de River demostró estar siempre a la altura y fue el único que mostró algo de rebeldía a la hora de crear juego con la pelota debajo de la zurda.

Se terminó un ciclo. Como dijo Gallardo, muchos jugadores se irán. Habrá que pensar muy bien en quienes traer para no pifiar nuevamente. El semestre que viene River, en su conjunto, tendrán varios objetivos: aquellos jugadores que se queden deberán levantar su nivel y jugarse todo a ganar la Recopa para sumar un nuevo título internacional y levantar la Copa Argentina para poder asegurar la participación en la próxima Copa Libertadores; Gallardo deberá afinar el lápiz para saber elegir qué jugadores traer y diagramar una idea para volver a las fuentes; y la CD tratar de no desmantelar más a este equipo, no dejar libre nunca más a jugadores claves y, de paso, empezar a negociar la continuidad de D´Alessandro. A barajar y dar de nuevo, River.

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