Tras consagrarse bicampeón del fútbol argentino todo parecía una fiesta para Boca, que pudo respirar luego de perder la Superfinal con River el pasado 14 de marzo. Pero al mellizo la espina de esa dura derrota le siga clavada en lo más profundo de su ser.

Guillermo sabe que hasta el momento es el único entrenador que perdió una final con River. Le duele, le molesta, lo perturba. Se imagina por las noches en sus sueños levantando la Copa. Pero se despierta transpirado, amargado en la dura realidad. Por eso incrimina al árbitro Rapalini, le reclama que inventó un penal clarísimo a Nacho Fernández aunque por dentro tiene claro que estuvo bien sancionado. También sabe que a sus jugadores les faltó sangre para ese partido. Cardona cometió el penal y luego dejó en libertad a Nacho Fernández en la jugada que definió el encuentro con el gol de Scocco. El Mellizo sabe que en gran parte no pudo empataron porque en el arco de enfrente hubo un arquero con todas las letras, seguro, con muchos reflejos, esos que ganan partidos y en el suyo tiene a Rossi un arquero que seguramente con los años mejore, pero que le falta mucho para ser el dueño del arco de Boca

Parecía que con la obtención del bicampeonato en la Superliga las heridas sanarían un poco, pero es algo imposible de curar. Perder ante el clásico rival duele mucho y más si es una final. Guillermo sabe que perdió el partido más importante del semestre y le duele, le carcome la cabeza saber que ante el River de Gallardo no estuvo a la altura.

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